Terapia Intravenosa
Quelación (sesion)
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Terapia Intravenosa
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Terapia Intravenosa
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Ver tratamientoToda terapia intravenosa de esta área se aplica con valoración médica previa, en consultorio y con personal capacitado. No sustituye la alimentación equilibrada ni ningún tratamiento indicado por su médico.
La terapia intravenosa administra vitaminas, minerales, aminoácidos y antioxidantes directamente en el torrente sanguíneo mediante una venoclisis. La ventaja frente a la vía oral es de biodisponibilidad: se evita el paso por el aparato digestivo y se alcanzan concentraciones plasmáticas que un suplemento en cápsula no consigue. Eso no la convierte automáticamente en mejor: solo la hace apropiada en situaciones concretas.
Este punto merece decirse sin rodeos: ninguna terapia intravenosa de esta área trata ni cura el cáncer. Cuando se plantea en un paciente oncológico es como terapia de soporte —hidratación, estado nutricional, tolerancia— y siempre con conocimiento y autorización del oncólogo, porque algunos antioxidantes pueden interferir con determinados esquemas de quimioterapia y radioterapia. Abandonar o retrasar el tratamiento oncológico por una terapia complementaria es una decisión con consecuencias graves, y en consulta lo desaconsejamos de forma explícita.
Antes de la primera aplicación se revisa historia clínica, medicación, función renal cuando corresponde y antecedentes de alergia. La sesión dura entre cuarenta minutos y hora y media según el protocolo; se realiza sentado o recostado y se puede leer o trabajar durante la infusión. Después se recomienda hidratación y evitar esfuerzo intenso el resto del día. Es normal notar sabor metálico o sensación de calor durante la infusión de ciertos componentes.
Insuficiencia renal o cardiaca, deficiencia de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa —relevante para las dosis altas de vitamina C—, antecedente de reacción a alguno de los componentes, embarazo sin indicación específica y ciertos tratamientos concurrentes. Por eso no se aplica un suero «por catálogo»: se indica tras revisar el caso.
Una terapia intravenosa que se ofrece sin valoración ni revisión de antecedentes está saltándose justo la parte que la hace segura.
En una persona sana que come de forma variada, la vía oral cubre las necesidades y una infusión aporta poco más que hidratación. La vía intravenosa tiene sentido cuando hay malabsorción —cirugía bariátrica, enfermedad inflamatoria intestinal, celiaquía—, cuando la vía oral no es tolerada, o cuando se busca alcanzar concentraciones que la absorción digestiva no permite y existe una indicación que lo justifique.
Fuera de esos supuestos, la respuesta honesta es que probablemente no haga falta.
Se canaliza una vía periférica y se infunde despacio, con el paciente sentado o recostado y bajo supervisión. La velocidad importa: administrar rápido es la causa más frecuente de náusea, sensación de calor o dolor en el trayecto de la vena. Hay que avisar en cuanto aparezca cualquier molestia, porque casi siempre se resuelve ajustando el ritmo.
Se plantea en ciclos con un objetivo definido y una reevaluación al terminar, idealmente con analítica cuando se trataba de corregir un déficit. Una terapia que se prolonga mes tras mes sin revisar si sigue estando indicada deja de ser un tratamiento y pasa a ser una costumbre, con el riesgo añadido de acumulación en el caso de las vitaminas liposolubles.
Depende del protocolo y del objetivo. Algunos se plantean como serie corta durante unas semanas y luego mantenimiento espaciado. Aplicarlos de forma indiscriminada y frecuente no aporta más beneficio y sí más riesgo.
Solo el pinchazo inicial de la canalización. Durante la infusión puede haber sensación de frío en el brazo, que se maneja regulando la velocidad de goteo.
No de forma general. La vía oral sigue siendo la base para el día a día; la intravenosa tiene sentido cuando hay mala absorción, necesidad puntual de concentraciones altas o una indicación clínica concreta.
Sí, es un procedimiento ambulatorio de una sola visita, siempre que la valoración previa no encuentre contraindicación. Se recomienda no programarlo el mismo día de un vuelo largo ni de una actividad física exigente.
Antes de infundir nada conviene descartar anemia, alteración tiroidea, apnea del sueño, diabetes, depresión y efectos de medicación. Muchas consultas por cansancio tienen una causa concreta y tratable que una infusión inespecífica solo enmascararía.
Se puede, con valoración previa y en un centro que cumpla las condiciones descritas. Lo que no conviene es aceptar una infusión sin historia clínica, sin saber qué contiene ni quién la administra, por cómoda que resulte la oferta.
Cada plan se define después de una valoración médica. Escríbenos y te orientamos sin compromiso.