El dolor lumbar es uno de los motivos de consulta más frecuentes del mundo y, en la gran mayoría de los casos, es inespecífico: no hay una lesión concreta identificable, sino una combinación de sobrecarga muscular, poca actividad, malas posiciones sostenidas y a menudo estrés. Esa es, paradójicamente, la buena noticia, porque es el tipo que mejor evoluciona.
Qué aporta el láser
Se aplica sobre la musculatura paravertebral y los puntos de mayor dolor para reducir la sensación dolorosa y la contractura asociada. Su valor práctico es permitir el movimiento: en lumbalgia, el mejor tratamiento disponible es mantenerse activo, y el dolor es justo lo que lo impide.
Lo que hoy sabemos que funciona
- Mantenerse en movimiento. El reposo en cama empeora el pronóstico; se desaconseja salvo indicación puntual.
- Fortalecer, sobre todo la musculatura profunda del tronco y la cadera.
- Revisar la exposición diaria: horas sentado, altura del escritorio, forma de levantar peso, colchón.
- No cronificar el miedo al movimiento. Es uno de los mayores predictores de que un dolor lumbar agudo se vuelva crónico.
Sobre las imágenes
Conviene decirlo porque genera mucha angustia: las resonancias de personas sin ningún dolor muestran con frecuencia protrusiones y signos de desgaste. Encontrar un hallazgo en una imagen no significa automáticamente que sea la causa del dolor. Por eso el estudio de imagen se indica cuando hay motivo clínico, no de rutina.
Señales que obligan a estudiar
Dolor que no cede con el reposo nocturno, pérdida de fuerza en la pierna, alteración del control de esfínteres, adormecimiento en la zona genital, fiebre, pérdida de peso inexplicada o antecedente de cáncer. Cualquiera de ellas requiere valoración médica inmediata, antes de cualquier terapia física.
Lo que hoy sabemos sobre el dolor lumbar
Es la primera causa de discapacidad en el mundo y, en la gran mayoría de los casos, es inespecífico: no se identifica una estructura concreta responsable. Eso, lejos de ser una mala noticia, suele indicar buen pronóstico. Las guías clínicas actuales coinciden en varios puntos que contradicen ideas muy arraigadas:
- El reposo en cama está contraindicado. Mantener la actividad dentro de lo tolerable acelera la recuperación.
- Las imágenes no están indicadas de rutina en ausencia de señales de alarma, porque no cambian el tratamiento y sí aumentan la preocupación.
- El ejercicio es la intervención con mayor respaldo, sin que un tipo concreto haya demostrado superioridad clara sobre los demás: el mejor es el que se hace de forma sostenida.
- Los factores psicosociales —miedo al movimiento, estrés, insatisfacción laboral— predicen la cronificación mejor que los hallazgos de imagen.
Lo que aparece en una resonancia y no significa nada
Es probablemente la información más liberadora para quien tiene dolor lumbar: estudios en personas sin ningún dolor encuentran degeneración discal en una proporción altísima a partir de los cuarenta años, y protrusiones discales en un porcentaje muy elevado. Es decir, esos hallazgos son en buena medida cambios asociados a la edad, como las canas, y no explican por sí solos el dolor.
Leer un informe lleno de terminología alarmante genera miedo, el miedo genera evitación del movimiento, y la evitación cronifica el dolor. Por eso conviene interpretar las imágenes junto con la clínica y no al revés.
Señales que sí obligan a estudiar
Pérdida de fuerza progresiva en una pierna, alteración del control de esfínteres, anestesia en la zona perineal, fiebre, pérdida de peso inexplicada, antecedente de cáncer, traumatismo importante o dolor nocturno que no cede con el cambio de postura. Cualquiera de ellas requiere valoración médica sin demora.
El día a día
Levantarse a moverse cada cierto tiempo, dormir en la postura que resulte cómoda —no existe una única postura correcta—, mantener actividad física regular y trabajar la fuerza del tronco de forma progresiva. En Riviera Nayarit, el clima permite caminar o nadar durante todo el año, y ambas son de las mejores opciones para una espalda que duele.
Preguntas frecuentes
¿Debo hacer reposo?
No, salvo indicación concreta. Mantener actividad dentro de lo tolerable acelera la recuperación y reduce el riesgo de cronificación.
¿Necesito una resonancia?
Solo si hay criterios clínicos que lo justifiquen. En la mayoría de las lumbalgias inespecíficas la imagen no cambia el tratamiento y sí genera preocupación innecesaria.
¿Es lo mismo que la ciática?
No. La lumbalgia se localiza en la zona lumbar; cuando el dolor baja por la pierna siguiendo un trayecto nervioso hablamos de dolor ciático, que tiene otro manejo.
¿Tengo que dejar de hacer ejercicio?
No. Salvo señales de alarma, mantener la actividad adaptada es parte del tratamiento. El reposo prolongado empeora el pronóstico.
¿Necesito una resonancia?
En ausencia de señales de alarma, no de entrada. Los hallazgos degenerativos son muy frecuentes en personas sin dolor y no suelen cambiar el tratamiento.