La infiltración intraarticular de ozono médico consiste en introducir una mezcla de oxígeno y ozono en la articulación afectada. Se emplea sobre todo en artrosis de rodilla, y también en cadera, hombro y en algunas patologías de columna. Su racional es doble: efecto antiinflamatorio y analgésico por un lado, y modulación del estrés oxidativo del tejido articular por otro.
Qué puede esperar quien tiene artrosis
Hay que ser preciso con esto. La artrosis es un desgaste del cartílago que no se revierte: ningún tratamiento conservador regenera un cartílago perdido. Lo que sí es alcanzable, y lo que se busca aquí, es reducir el dolor, mejorar la movilidad y retrasar la necesidad de medidas mayores. Con esa expectativa el tratamiento tiene sentido; con la expectativa de "reconstruir la rodilla", no.
La respuesta habitual descrita es una disminución del dolor que permite caminar más y mejor, con mejoría de la calidad de vida. Es un efecto que se instaura de forma progresiva a lo largo de las sesiones, no inmediato.
El plan de sesiones
Se aplica en series de cuatro a diez infiltraciones, habitualmente una por semana. El procedimiento en sí dura pocos minutos: asepsia estricta de la zona, punción de la articulación y aplicación lenta del gas. Al terminar es normal notar sensación de plenitud o crujido en la articulación durante unas horas, y una molestia leve el primer día.
Después de la sesión conviene reposo relativo el resto del día, sin ejercicio de impacto y sin calor local. Se puede caminar con normalidad.
Con qué se combina
El ozono intraarticular no sustituye al resto del abordaje de la artrosis, lo acompaña. El plan que da mejores resultados suma fortalecimiento del cuádriceps y trabajo de rango articular —la musculatura es lo que descarga la articulación—, control del peso corporal y, en algunos casos, infiltración de plasma rico en plaquetas, que actúa por un mecanismo distinto y complementario. La electro-rehabilitación se usa con frecuencia en paralelo para el control del dolor.
Cuándo no se hace
- Infección activa en la articulación o en la piel de la zona de punción.
- Déficit de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa (favismo).
- Hipertiroidismo no controlado.
- Tratamiento anticoagulante sin ajustar.
- Embarazo.
- Alteraciones graves de la coagulación.
Es imprescindible el diagnóstico previo por imagen y una valoración médica: un dolor de rodilla puede ser artrosis, pero también una lesión meniscal, una tendinopatía o un dolor referido de cadera o columna, y cada uno se trata distinto.
Qué mejora y qué no en una articulación con artrosis
El objetivo declarado de la infiltración es reducir el dolor y mejorar la movilidad actuando sobre el componente inflamatorio y sobre la oxigenación del tejido. Lo que no hace, y conviene decirlo sin rodeos, es regenerar el cartílago perdido ni revertir el desgaste que muestra la radiografía.
Esa distinción cambia la conversación entera: se trata de vivir mejor con la articulación que se tiene, no de recuperar la que se tenía a los treinta.
Dónde encaja frente a otras opciones
- Ejercicio terapéutico y control de peso: la base, con más evidencia que cualquier infiltración en artrosis de rodilla.
- Corticoide intraarticular: efecto potente y rápido, duración limitada, no se puede repetir con frecuencia.
- Ácido hialurónico intraarticular: efecto más lento y sostenido en casos seleccionados.
- Plasma rico en plaquetas: alternativa biológica, con resultados mejores en artrosis leve o moderada que en avanzada.
- Cirugía: cuando el dolor es incapacitante y las opciones conservadoras se agotaron.
El ozono se sitúa entre las opciones conservadoras y su indicación se decide caso por caso, no como primera respuesta automática.
Lo que hay que hacer entre infiltraciones
Es el punto que separa a quien mejora de quien vuelve al punto de partida. Fortalecer la musculatura que protege la articulación —cuádriceps en la rodilla, glúteo medio en la cadera—, mantener movilidad diaria, reducir el impacto si hace falta y controlar el peso, porque cada kilo se multiplica varias veces en la carga articular al caminar. Sin eso, el alivio dura lo que dura el efecto y no hay progreso real.
Cuándo no es el momento
Ante una articulación caliente, muy hinchada y con dolor intenso de aparición reciente, primero hay que descartar infección o un cuadro inflamatorio agudo. También se pospone si hay una lesión de piel sobre el punto de entrada. Y siempre se revisa la medicación anticoagulante antes de programar.
Preguntas frecuentes
¿Duele la infiltración?
Se siente el pinchazo y una sensación de presión o distensión mientras entra el gas. Es breve. La molestia posterior, si aparece, dura menos de veinticuatro horas.
¿Cuánto dura el efecto?
Es variable. Muchos pacientes describen meses de mejoría tras una serie completa y repiten el ciclo una o dos veces al año. La evolución depende del grado de artrosis y del trabajo muscular que se mantenga.
¿Puedo caminar después?
Sí, con normalidad. Lo que se evita el mismo día es el impacto: correr, saltar o cargar peso.
¿Cuánto tarda en notarse el alivio?
Es habitual que las primeras infiltraciones den poco cambio y que la mejoría se instale a lo largo del ciclo. Si al terminar el ciclo completo no hay ninguna diferencia, lo razonable es replantear el abordaje en lugar de encadenar otro ciclo.
¿Se puede infiltrar más de una articulación en la misma sesión?
Se puede cuando está justificado, pero conviene priorizar la que más limita la vida diaria. Tratar todo a la vez dificulta saber qué está funcionando y qué no.